MARIO ELGARRESTA
"Yo sé conseguir votos, pero no soy pitonisa"

Revista COSAS.COM, Edición Septiembre 2002


De 60 años, el cubano americano va por su novena candidatura presidencial en Latinoamérica. De ellas ha ganado siete, dos en Ecuador. Espera llevar a Javier Neira a Carondelet y "persuadir" a los más de 8 millones de electores.

Tras su cabello cenizo, manos delgadas, mediana estatura y barba poblada, se esconde el mercader de votos. El hombre que, a los 60 años, es como un director de orquesta, según ha dicho el escritor Carlos Alberto Montaner. "Utiliza inteligentemente los siempre escasos recursos y los moviliza al unísono, como quien dirige a cien músicos y treinta instrumentos diferentes en un teatro dotado de pésima acústica en el que acaba de apagarse la luz, porque toda elección inevitablemente tiene algo de caos e imprevisión". En estos días la labor de Mario Elgarresta es de persuadir, "de forma legítima", a los 8. 121. 979 ecuatorianos habilitados para escoger al próximo presidente del país, luego de los fugaces gobiernos de Abdalá Bucaram, Fabián Alarcón y Jamil Mahuad.

Elgarresta está con el Partido Social Cristiano (PSC), apuntalando la candidatura de Javier Neira. Al PSC -admite- le debe conocer Ecuador y el resto de Latinoamérica, donde trabaja hace 17 años, desde que León Febres-Cordero lo contrató en 1984 para llegar al poder. Desde entonces, acumula otros triunfos presidenciales: Hugo Bánzer (Bolivia), Sixto Durán (Ecuador), Ernesto Zedillo (México), Arnoldo Alemán (Nicaragua), Alejandro Toledo (Perú) y Enrique Bolaños (Nicaragua).

Antes era conocido, brevemente, entre los consultores políticos de Estados Unidos, país en el que ejerció ocho años su profesión. Lo de él es el marketing electoral, vender a su candidato y hacerlo ganar. Es la posta tomada a los viejos caciques del voto, que tuvieron fama hasta la llegada de la televisión y la revolución publicitaria. Hoy son armas que él utiliza. No se hizo en las universidades de EE.UU., tampoco en La Habana (Cuba) de su infancia y juventud que abandonó por el régimen de Fidel Castro.

Allí vivió con sus padres, Soila Rodríguez y Mario Elgarresta, y su hermano menor. Ellos también siguieron el camino del exilio aún sin retorno.

"Me identifico con la democracia, la ideología liberal, y no con el comunismo, socialismo ni populismo porque he visto el daño que le hacen a los pueblos". Se formó en el azar, la suerte, la experiencia "y después de haber participado en muchos seminarios y trabajar con profesionales y leer cientos de libro sobre este tema: de discursos, campañas, de publicidad, retórica, elecciones".

Padre de cuatro hijas y abuelo de una nieta, el hombre con un divorcio a cuestas, de hablar fluido y respuesta inmediata, recibe a Cosas en el lujoso Hotel Hilton Colón de Guayaquil que costea el PSC y desde donde la vista a la ciudad es perfecta. Sus tarjetas de presentación ya no son de administrador de empresa, como cuando trabajaba en una telefónica de Miami, sino de presidente del Centro Interamericano de Gerencia Política, fundador de Elgarresta Consulting Group, miembro de la Asociación Americana de Consultores Políticos y autor del libro "Campañas Electorales, Conocimientos Prácticos".

A Ecuador no sólo le debe su fama, sino también, su actual familia: su esposa María del Rosario Jiménez Fuentes, "Chanena", la conoció mientras captaba los votos para Febres-Cordero. La pareja tiene una hija, Adriana María, de 12 años.

Él, insiste, trabaja sobre datos reales y que no es pitonisa, futurista ni curandero. "Con la muestra de 1400 personas que pedí, a escala nacional, se puede tener una visión general de lo que el electorado desea. Ahí viene mi trabajo. Primero es la investigación, luego la estrategia que se convierte en comunicación y, a través de un plan de medios, llega a los electores para persuadirlos y cambiarlos a favor del candidato". Se siente un socialcristiano, pero no un pirata de las elecciones.

-Usted prefiere la palabra profesional a experto, ¿por qué?

-Soy consultor político, pero me llaman analista, politólogo; hay un gran desconocimiento. Somos profesionales, que cobran por ejercer su profesión y yo vivo de esto. Soy un consultor político general. Mi especialidad está en estrategias, definir una campaña y asesorar en su gerencia en todos los aspectos. Hay quienes son especialistas y se dedican, por ejemplo, a hacer cuñas de televisión y radio.

-¿Usted es un profesional que sólo se hizo en la experiencia?

-Es una profesión reciente y empezó fuerte en los 60 en Estados Unidos. Cuando se desarrolló la televisión tomaron impulso los consultores políticos. Antes se ejecutaba la estructura de una campaña en los "cuartos llenos de humo", como se dice. Se reunían siete caciques (mercaderes del voto) y decían esto vamos a hacer. Pero luego del caciquismo, desarrollamos nuestro profesión. Directamente logramos consolidar a nuestros electores, identificar a los que podemos atraer hacia nuestro candidato...Soy graduado en business administration y me faltaron dos asignaturas para hacer el masterado en la Universidad de Miami.

-Eso después que dejó Cuba, de donde pienso nació con la vena política.

-Viví en Cuba hasta los 18 años. Cuando salí de mi país estaba estudiaba Ingeniería Mecánica. Aquella vena nace con la persona, como el que toca piano o es buen arquitecto. Bueno, lo del comunismo y socialismo se escucha hoy también en América Latina. Yo sólo viví dos años de Castro y luego me fui.

-Y cuando le preguntan su nacionalidad, ¿qué responde?

- Cubano-Americano. Mientras Fidel Castro esté en mi país pueden estar convencidos que no voy a regresar. Yo defiendo la democracia y en Cuba no la hay...Por eso salí en 1960 a Miami. También viví siete años en Quito y tres en Caracas.

-¿Cómo se vinculó con el trajín político?

-Coincidencialmente. Estaba un poco disgustado de mi trabajo en Miami. Hacía la planificación en Southern Bell (una telefónica internacional), donde estuve cinco años (hasta 1976). No me sentía a gusto y un amigo conocía a un aspirante al Congreso de EE.UU., Al Cárdenas, a quien me recomendó por mis supuestos "dotes gerenciales" y que podía ser un buen gerente de campaña. Yo advertí que vieramos si podía llevarme bien con el candidato y que no sabía nada de campañas, excepto lo que veía en televisión y las veces que había votado. Nada más. Y me invitaron una semana a Washington con el Partido Republicano y pasé un seminario de cinco días. Me dijeron que me iba a guiar un asesor político y yo administraría la campaña, como una empresa. Renuncié a un trabajo donde ganaba más dinero, tenía un futuro asegurado para correr tras uno incierto, pero donde me sentía mejor. Siempre me interesó la política. Sí, me hice en la experiencia...

-¿Y eso tiene más aval que un título en Ciencias Sociales y Políticas?

-Es distinto. Ciencias Políticas es entender como funcionan los gobiernos, los países. Lo nuestro es una cosa bien práctica, es de campañas electorales, y saber cómo movemos votos a favor de nuestros candidatos. En Ciencias Políticas se estudian las distintas filosofías, sistemas del mundo... Por eso un politólogo o analista es cualquiera que habla de política. Yo no lo soy. Soy un consultor que mueve votos, lo que no hacen los demás.

-¿Y sabe usted mover votos?

-Sí. Lo hago ejerciendo mi profesión, identificando los problemas de los electores, a través del mercadeo político; controlar y corregir los errores de campañas, de los candidatos, de gerentes de campaña; de reforzar los puntos fuertes y los débiles hacerlos fuertes. Una campaña es parte de una empresa electoral.

-¿Por qué quiso llegar a Latinoamérica?

-Desde que empecé en esto, hace 25 años, siempre busqué la oportunidad. Me siento con un dominio mayor del idioma y más identificado. En EE.UU. hay elecciones menores todos los años y cada cuatro las de presidentes. Se me propuso venir a Ecuador en 1984 en la segunda vuelta del ingeniero León Febres-Cordero y sigo vinculado desde entonces a este país.

-¿Cómo lo contactaron?

-Fue en 1894, cuando ya estaba en esto ocho años y había participado en la campaña presidencial de Ronald Reagan y otras de alcaldes y gobernadores en el Estado de la Florida. Tres quiteños llegaron a Miami a buscar ayuda para la segunda vuelta de Febres-Cordero. Uno de ellos conocía a un amigo mío y me hicieron la propuesta. Antes de eso no conocía Ecuador ni ninguno de los países que hoy asesoro. Me reuní en Miami con Sixto Durán, quien estaba ligado a la campaña y después lo asesoré en la suya. Le dije que con gusto iba. Y en Carnaval llegué a Guayaquil y luego a Salinas, donde estaba Febres-Cordero en su casa. Vi en él un gran personaje, con un punto de vista interesante, una filosofía liberal, cree en la democracia, la defiende y se identifica como centro-derecha...Y yo también. Entre la centro-derecha y social- democracia escojo a la primera. Yo elijo a los candidatos.

-¿Entonces nunca trabajaría con Bucaram, Lucio Gutiérrez o Antonio Vargas?

-Ni con Rodrigo Borja porque creo que está equivocado en el tiempo. El tiempo ha derrotado esa manera de pensar socialista europea. No digo comunista. El MPD ni hablemos...No entiendo cómo hay socialistas banqueros que hacen alianzas con conservadores, como es el caso de León Roldós. La línea de Febres-Cordero es consecuente. Tengo la dicha a estas alturas de mi vida y de mi experiencia de poder seleccionar a mis candidatos. No es que a mí me contraten, no soy un corsario ni pirata. A veces las situaciones obligan, pero he tenido la dicha de no ser obligado por las situaciones.

-¿También conseguirá éxito con Neira?

-Esperamos. No soy yo, es el pueblo que decide. Todos los candidatos son distintos y tienen sus fuerzas en distintos lugares. No veo por qué Neira no podrá ser el próximo presidente de Ecuador. Yo no soy pitonisa, no estoy diciendo que va a ganar. Hay 10 candidatos y, según las encuestas, hay 4 ó 5 con posibilidades. De esos estoy convencido que Neira pasa a la segunda vuelta. Esta campaña es corta, atípica; aún no ha comenzado y usted y yo ya estamos hablando de ella. Asesoré, además, las de Nebot a las diputaciones nacionales y provincial, a su alcaldía. Esta campaña es la más corta y con una serie de limitaciones.

-¿Se refiere a los gastos?

-Lo han hecho equivocadamente, debido a la contribución de Fernando Aspiazu (3 100 000 dólares) a la campaña de Jamil Mahuad. Han querido igualar a todas las campañas, lo que es imposible. Es como que usted hable bien y yo mal. Y le pidan a usted que hable mal para estar igual a mí. Hay que limitar lo que cada ecuatoriano puede aportar, no la cantidad total. Ahora sólo se puede gastar un millón de dólares para la campaña presidencial. Es irracional, una aberración. Creo que tengo la libertad de recaudar toda la cantidad de dinero posible.

-Con limitantes y todo, ¿cuál va a hacer el fuerte de su estrategia?

-Ya lo verá, no se lo diré antes de tiempo. La estrategia siempre va orientada en lo mismo: saber cuáles son los problemas del país, identificarlos con sus verdaderas soluciones y ver cuál es la mejor manera de presentárselos al elector. El equipo de trabajo se está conformando. Marcela Campuzano manejará prensa y Pascual del Cioppo es el director.

Hay muchos voluntarios y cientos de personas trabajando en esto. Lo mío son los ejes centrales de la campaña, los mensajes.

-¿Y esos mensajes son para captar especialmente al 80 por ciento de indecisos?

-Quiero ver la primera encuesta, que aún no la tengo. Está a cargo de Pool y luego empiezo a ver las respuestas de los ecuatorianos, sobre sus preocupaciones en cada área y con datos reales empezamos a discutir...

-Usted parece socialcristiano...

-Es que me identifico. Pudiera ser socialcristiano ya que el ingeniero Febres Cordero me cazó en 1984, un 23 de noviembre (y luego también lo casó). Fue mi plataforma a América Latina. Y de mi boda con una guayaquileña, a quien conocí cuando me trajeron esos quiteños, fue testigo todo el gabinete del Ejecutivo. Hoy 10 candidatos son muchos, pues no hay tantas ideologías políticas en el mundo: no son más de cinco y lo lógico es que hubiera cinco candidatos.

-¿Cuándo una consultoría es exitosa?

-Cuándo se hace bien, no necesariamente cuando se gana. A veces se pierde. En una final de fútbol alguien pierde y los dos equipos saben jugar, con técnicos de primera.

-¿Usted es de campañas sucias?

No, no...Hay campañas sucias y negativas. La negativa no es sucia. Y la sucia no se debe hacer. Eso es mentir sobre la otra persona. La negativa es decir algo no propositivo. Por ejemplo, si un candidato votó en contra de una propuesta de Ley y afectó los intereses populares. Si digo eso es totalmente válido. Si usted fue empresario y quebró diez empresas, ¡el país debe saberlo! ¿Cómo le vamos a dar la empresa más grande del país para que usted la quiebre? ¿Eso es sucio? ¿He dicho algo que no es cierto? No, pero es negativo. Es correcto si yo comparo mi propuesta con la suya y digo que la de usted no tiene solución a los problemas y es completamente populista y demagógica.

Las campañas negativas funcionan en el mundo. Lo sucio es decir mentiras e ir a las cosas personales. Si usted se ha divorciado tres veces no importa, ni tampoco si le han puesto los cachos. Eso no lo hace mejor o peor gobernante. Sí, hay quienes usan las campañas sucias y no me preocupa tener que enfrentarme a ellas.

-¿Y cómo ve a los otros candidatos?

-Mientras no vea las encuestas es mejor que usted pregunte a un analista político. Es como si usted se sintiera mal y vaya donde un médico. Él le pide historial y toma análisis de orina, placas de rayos X. De lo contrario usted está frente a un curandero o futurista. Todos los profesionales trabajan sobre datos reales. Quienes no, entonces, se basan en supuestos. He tenido muchos maestros, entre ellos Ralph Murphine y Charlie Black

-¿Lo han llamado de otros partidos de Ecuador?

-No me interesa. Con el único que trabajé fue con Sixto, que antes fue del PSC. Puede que sí me hayan llamado, no me recuerdo en este momento. Además, yo no soy de los que me promociono por escrito. Mi participación es más verbal. Hablo mejor de lo que escribo. Soy un pésimo escritor. Me es más fácil convencer a las personas hablando que escribiendo. Escribo poco, aunque en las campañas hablo bastante. Así me doy a conocer mejor. Lo mío es la retórica. Escribir mi libro fue difícil. En él tengo una foto con el ingeniero en el Palacio de Carondelet. No menciono a muchos personajes. Es didáctico, sobre el contexto de campañas y no se específica de alguna. El éxito de una campaña depende del esfuerzo de muchas personas, pero sobre todo del candidato. Contribuyo mucho para el triunfo, mas no soy el único.

-Neira no es un Febres-Cordero.

-No. Ni un León Roldós es Febres-Cordero, ni un Borja es Febres-Cordero. Cada uno es uno. Febres-Cordero es Febres-Cordero, quien es un político exitoso y con más fuerza en Ecuador. Todas las campañas ha ganado: diputado, presidente, alcalde. Eso me facilitó el trabajo. Neira tiene sus características. Ha sido ministro de estado, diputado, conoce los problemas del país, es un hombre capaz.

-Pero Febres-Cordero tuvo que encabezar la lista de diputados por Guayas para apuntalar la candidatura de Neira.

-No es que tuvo, sino que quiso. El tuvo es obligado. El ingeniero dijo algo muy cierto y algunos no quieren entender: no es lo mismo ser presidente que diputado. Ser presidente requiere un esfuerzo máximo, no es un pasatiempo. Y físicamente no puede. Por eso aspira a la diputación. Eso le da mayores oportunidades a Neira, sin duda, cuya candidatura está bien organizada. Él entiende los problemas del país, ha ejercido una excelente diputación; no hemos sacado un empresario que quiere ser presidente.

-¿Se refiere a Alvaro Noboa e Ivonne A-Bakki?

-Ambos son extranjeros en su país. Yo soy un extranjero que conoce a Ecuador hace 18 años y debo retornar para estar de lleno en la campaña. Además, he asumido compromisos con el gobierno de Nicaragua, un candidato a alcalde de Lima y otro a presidente de Guatemala.

-¿Cobra mucho Elgarresta?

-Hay algunos que dicen que sí y otros que no. Consultores que conozco cobran muchísimo más que yo y son muchísimo peor. La campaña más cara es la que se pierde. Y la más barata, la que se gana. Yo he sido siete veces extremadamente bien barato y una vez bien caro. En Panamá perdí la de Alberto Vallarino. Fue una campaña corta. Mi profesión la comparo con la medicina. El mejor doctor del mundo no resucita muertos. Ni siquiera un médico chino. En mi libro cito a dos personas que debieron ganar la Presidencia: Vallarino y Nebot. En la de este último fue como si no hubiera estado. Nada de lo que propuse se hizo. La campaña estaba mal influenciada. Y no la ganó Bucaram, sino que la perdió Nebot. Y a los seis meses, la desgracia.

-¿Usted vino a ganar?

-Yo siempre juego a ganar, lo que no quiere decir que siempre gano. Pero de ocho campañas presidenciales en Latinoamérica, repito, he ganado siete.n

Emilio José Carrión.

N.de D.: Al cierre de esta edición, Mario Elgarresta, renunció a su cargo de consultor político del PSC en la campaña de Javier Neira.